Los ojos de la isla: Christopher Mahoune y los atentos guardas de la isla Cousin.

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Christopher Mahoune está de pie frente a la vegetación en un día soleado. Con la mano izquierda forma una «o» con el índice y el pulgar para transmitir la idea de «perfección». En su mano derecha sostiene unos prismáticos Canon.

Hay trabajos y trabajos. Cada mañana, Christopher Mahoune coge su cámara y sus prismáticos como la mayoría de nosotros cogemos la mochila del portátil, y se dirige a una «oficina» muy especial, en un entorno que a la mayoría de nosotros nos parecería extraordinario. Pero no da nada por sentado ni por un solo momento. «Llegué en 2011, cuando tenía 20 años, y me enamoré del trabajo, de la isla y de lo sencillo que es todo aquí», explica. «Llevo aquí desde entonces; este es el lugar donde me siento como en casa».

Por si no lo habías adivinado, Christopher trabaja para Nature Seychelles como jefe de los guardas de la Reserva Especial de la isla Cousin, un lugar tan protegido que solo los barcos de la propia organización benéfica pueden acercarse a él. Es una medida que se ha puesto en marcha para evitar la entrada de plagas invasoras y preservar la biodiversidad autóctona de la isla, tras muchos años de haber sido una plantación. Durante ese tiempo, se introdujeron especies invasoras muy dañinas y la isla tardó muchas décadas en recuperarse. No pueden volver a arriesgarse a que suceda algo así, por lo que mantener la isla a salvo de amenazas es una prioridad máxima para su conservación.

Así que, si fueras a visitar a Christopher y a sus compañeros para disfrutar de una de sus populares excursiones por la isla, tendrías que hacer transbordo de tu barco al suyo —a cierta distancia de la isla— y desembarcar en la costa. Pero valdría muchísimo la pena. «Nuestra embarcación se dirige a toda máquina hacia la playa y eso puede ser a la vez emocionante y abrumador», admite. «Pero en cuanto llegas a la isla, enseguida te das cuenta de que hay un montón de pájaros volando por ahí. Durante la temporada de anidación, es posible que veas una tortuga dirigiéndose hacia el mar y, si tienes mucha suerte, quizá incluso veas algunas crías de tortuga».

Un primer plano de un pájaro recién nacido, con unas pocas plumas blancas y los ojos cerrados.

Christopher logró capturar la excepcional imagen de un polluelo de pájaro tropical de cola blanca recién nacido con el objetivo Canon RF 100-500mm F4.5-7.1 L IS USM.

Por las tardes, cuando terminan las visitas turísticas y educativas del día, Christopher y su equipo están allí para vigilar y proteger la flora y la fauna de la isla Cousin. Es una labor tanto práctica como de supervisión, donde sus cámaras Canon (EOS R5 Mark II y Canon EOS R50) y los prismáticos 18x50 IS All Weather desempeñan un papel clave. «Es una reserva natural, así que todo tiene que hacerse de forma natural», explica Christopher. «Solo hay unos pocos casos en los que podemos intervenir. Por ejemplo, a veces las tortugas gigantes macho se pelean y se dan la vuelta unos a otros; les resulta casi imposible enderezarse, así que tenemos que intervenir. Y, como es una zona marina protegida, usamos los prismáticos para vigilar y asegurarnos de que no haya nadie en nuestras aguas que no deba estar ahí».

El resto del tiempo respetan las distancias para molestar lo menos posible a la fauna de la isla, a menos que sea por motivos de conservación, como el anillamiento de aves o el seguimiento de tortugas. También se aseguran de que todos estén a salvo, sanos y vivan lo mejor posible. «Cuando hacemos el seguimiento, tener unos buenos prismáticos nos facilita mucho el trabajo. Por ejemplo, las shamas de las Seychelles —una de las aves más raras del mundo— llevan todas anillas en las patas con un número y un código de color únicos. No podemos acercarnos demasiado para comprobarlo y tenemos que ser precisos».

Al tratarse de una especie en peligro de extinción, es fundamental saber cuántos ejemplares hay en la isla y cuál es su estado de salud. Pero también hay pequeños indicios a los que Christopher y su equipo prestan especial atención. «A veces removemos un poco la tierra y así ellas bajan al suelo en busca de insectos para alimentarse», explica. «Si los cogen sin tragárselos, sabemos que están alimentando a un polluelo en algún lugar y podemos seguirlas para localizarlo y anillarlo antes de que abandone el nido».

Un polluelo pequeño y sin plumas, de color negro y con el pico amarillo muy abierto, descansa dentro de un nido de paja en el hueco de un tronco.

Un polluelo de shama de las Seychelles recién nacido, una de las aves más raras del mundo.

El equipo también supervisa las cajas nido de las shamas que se han instalado en la isla Cousin para comprobar si están incubando huevos o incluso si algún geco oportunista se ha apoderado de las cajas. A veces, durante sus rondas, Christopher y su equipo son testigos de sucesos raros e increíbles, y hubo uno en particular que le encantó poder capturar con la cámara. «Llevo más de trece años trabajando en esta isla, pero fue hace solo unos meses cuando vi por primera vez un polluelo de ave tropical de cola blanca recién nacido», recuerda. «A menudo vemos polluelos, pero nunca así y, claro, la madre es muy protectora. Si no tuviera el objetivo RF 100-500mm F4.5-7.1 L IS USM, habría tenido que acercarme más y la madre lo habría escondido. En cambio, conseguí una fotografía muy buena. Fue un momento único».

Este pequeño milagro, y tantos otros, los comparte Liz Mwambui, directora de comunicación de Nature Seychelles, y estas historias son fundamentales para el funcionamiento de Nature Seychelles. Las fotos y los vídeos que graban cada día no solo atraen a posibles visitantes a las Seychelles, sino que también conectan a la organización benéfica con la comunidad científica y conservacionista en general, apoyan las iniciativas de recaudación de fondos y dan a conocer las últimas y emocionantes novedades a los medios de comunicación.

«Tenemos que capturar cosas sencillas y momentos únicos que la gente de fuera no suele ver», añade Christopher. Uno de estos momentos es la anidación en la isla de marzo a octubre de ni más ni menos que 80 000 parejas de tiñosas picofinas. O el habitante más famoso de la isla: una tortuga gigante a la que los lugareños llaman cariñosamente «George» y que lleva más de 160 años viviendo allí. Por no hablar del famoso carricero de las Seychelles, un gran éxito de conservación y la razón misma por la que la isla de Cousin se convirtió en reserva especial. No es de extrañar que a Christopher y a todos sus compañeros de Nature Seychelles les importen tanto todas estas preciosas criaturas. Pero más allá de eso, saben que la isla es lo primero. «Este es el hogar de las aves y nosotros somos solo invitados, incluso los guardas», explica. «Para nosotros es un privilegio formar parte de esto».

Sigue el progreso de nuestro trabajo con Coral Spawning International y Nature Seychelles aquí en VER.

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