«Mis mejores peces, Devon». Conoce a la becaria de Canon que conquista corazones para proteger los arrecifes de coral.

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Devon, con todo el equipo de buceo puesto, sale a la superficie cerca de un barco de buceo. Imagen cortesía de Amy Tune

«Lo que tienes que hacer es llegar al corazón de las personas. ¿Y cómo se llega al corazón? Con historias». – La Dra. Jane Goodall, en su intervención en el Foro Económico Mundial

¿Te apetece una historia que te llegue al corazón? Hace mucho, mucho tiempo, los arrecifes de Florida eran un paraíso submarino, repletos de bosques de coral llenos de vida y color. Pero, con el tiempo, se fueron volviendo más silenciosos y frágiles. Aunque tardaron siglos en crecer, una vida humana bastó para deteriorarlos. Ahora luchan por sobrevivir.

Esto no es un cuento de hadas. El arrecife de coral de Florida sigue siendo el tercero más grande del mundo, pero en solo unas décadas ha perdido más del 90 % de su cobertura de coral. No, no es un error tipográfico. El noventa por ciento.

Por eso, en 2015, el Dr. Diego Lirman puso en marcha un programa de restauración de corales en la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas, Atmosféricas y de la Tierra de la Universidad de Miami llamado Rescue a Reef (RAR) y en 2019, gracias a una colaboración con Canon USA, pudieron contratar a becarios para que les ayudaran con su trabajo. Siete años después, estos becarios de Canon son una pieza clave de RAR, no solo como científicos marinos, sino también como narradores que usan la tecnología de Canon para dar vida a los arrecifes.

Devon Ledbetter fue becaria de Canon en 2022. Hoy en día, es investigadora asociada sénior y directora de programas en Rescue a Reef, donde se encarga de incorporar y supervisar a las nuevas promociones. «Creo que ha sido nuestro mejor año de la historia. Este verano, tres de nuestras publicaciones en redes sociales han dado los mejores resultados de todos los tiempos, y todo el contenido lo han creado nuestros becarios», sonríe. «Acaban de terminar, pero nos han impresionado tanto que les hemos pedido que se queden como colaboradores del programa. Eso significa, básicamente, que los estamos contratando a tiempo parcial para que sigan trabajando y creando contenido para nosotros».

Devon, bajo el agua, cuidando unos fragmentos de coral fijados a una bandeja sumergida.

Imagen cortesía de Delaney McEvoy

Devon está sentada en un barco, escribiendo en una pizarra submarina.

Imagen cortesía de Melissa Borges

Como muchos otros científicos marinos, Devon empezó a bucear de joven y su abuelo le dio su primera cámara sumergible durante unas vacaciones, lo que marcó el inicio de un proyecto fotográfico que no ha dejado de ampliar desde entonces. De hecho, estaba tan decidida a sacarse las certificaciones que, con solo 13 años, preparó un plan de negocio completo (¡incluso con una presentación en PowerPoint!) para sus padres, con el fin de convencerlos de que la dejaran apuntarse a un programa de buceo a bordo de un crucero y convertirse en instructora certificada de buceo. «No paraba de hablar de ello y les preparé una presentación enorme. Los convencí», dice riendo.

Así que, como es lógico, cuando llegó el momento de que Devon fuera a la universidad y eligiera una carrera, parecía obvio que estudiaría ciencias marinas en la Escuela Rosenstiel. Pero, por alguna razón, no le acababa de convencer. «Nunca me he sentido a gusto con los estudios en laboratorio, los proyectos de investigación y las clases de ciencias STEM», explica. «Pero llevaba ya un tiempo en el agua y, aunque no sepas mucho de ecosistemas marinos, es fácil darse cuenta de que han ido cambiando. Empecé a darme cuenta de que no me apasionaban las ciencias marinas en el sentido tradicional, sino que me entusiasmaba más encontrar una forma de tender un puente entre la ciencia y el público».

Devon nada bajo el agua cerca del fondo marino mientras sostiene una pizarra submarina.

Imagen cortesía de Melissa Borges

Mientras estaba terminando su título de instructora de buceo, se enteró de la beca de Canon Rescue a Reef: «era una oportunidad increíble de encontrar por fin un nicho en el que pudiera apoyar la conservación marina, pero usando mi pasión por la comunicación», recuerda. «Las oportunidades tan específicas como esta pueden ser difíciles de encontrar, pero esto me ofreció la posibilidad de trabajar bajo el agua y, además, aprender técnicas de fotografía. No podía dejarla pasar».

La entrevistó Dalton Hesley, investigador asociado sénior de RAR, que ahora es el jefe de Devon, y recuerda aquella experiencia como si fuera ayer, hasta las mariposas en el estómago. Y recuerda ese momento cuando se sienta al otro lado de la mesa, entrevistando a estudiantes que, como ella en su día, están deseando formar parte de este programa único: «Es increíble cómo se cierra el círculo». Como es lógico, a menudo te preguntan cómo será un día de trabajo. « Y siempre nos reímos por dentro porque cada día es totalmente diferente».

Algunos días se encontraba en el laboratorio, trabajando en la restauración de corales; otros los pasaba bajo el agua, haciendo fotos, o en un escritorio retocando los colores («Nunca había recibido formación seria en esto hasta que fui becaria de Canon: ¡corregir el color te enseña mucho sobre la paciencia!»). Otros días los dedicaba a editar vídeos o a tareas de diseño gráfico para las redes sociales. En los últimos dos años, estas tareas han cobrado mayor importancia, ya que los últimos becarios se han hecho cargo por completo de las cuentas de RAR en redes sociales y han creado una estrategia de contenido integral para la organización que ha sido un éxito rotundo.

Devon, bajo el agua, utiliza tijeras de podar para trabajar con corales cultivados en viveros que están suspendidos en cuerdas.

Imagen cortesía de Hannah Heath

«La comunicación científica es un campo emergente», explica Devon. «Es algo muy nuevo y, tradicionalmente, no ha habido muchas oportunidades para abrirse camino en este campo. Pero esto está cambiando sin duda alguna». Por desgracia, el principal motor de todo esto ha sido el cambio climático y la necesidad de contar historias sobre sus efectos de una forma que llegue a la gente al corazón. Pero trabajar con RAR les ha enseñado mucho a ella y al resto de becarios de Canon sobre lo que esto implica, llegando incluso a firmar sus correos con «Piscisaludos, Devon». Sabe que la gente recordará hasta el más mínimo detalle. Y eso importa.

«Hace veinte años, el puesto de “especialista en comunicación científica” prácticamente no existía», añade. «Pero nos estamos dando cuenta de que la ciencia no tiene ningún valor para la sociedad a menos que se comunique». Estos nuevos científicos, incluidos los becarios de Canon, contarán con una amplia gama de habilidades que antes no se necesitaban: desde la creación de contenidos y la estrategia de campañas hasta la divulgación comunitaria y hablar en público. Pero lo más importante de todo, subraya Devon, «es que estas habilidades se suman a nuestra pasión por marcar la diferencia en nuestros océanos y comunidades». En otras palabras, contar historias que lleguen al corazón. 

Estamos apoyando los esfuerzos para salvar el mundo invisible de los corales. Sigue el progreso de nuestro trabajo aquí.

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