Rodaje de VR bajo el agua: grabación de arrecifes de coral con una cámara Canon EOS R5 C

La degradación de los arrecifes de coral de las Seychelles solo se entiende de verdad cuando se vive en primera persona. Para quienes no pueden hacerlo, la realidad virtual permite darles vida con más facilidad que nunca.
Madeline St Clair, bióloga marina, con el agua hasta la cadera, vestida con traje de neopreno y sujetando un equipo con una cámara Canon EOS R5 C y un objetivo Canon RF 5.2mm F2.8L DUAL FISHEYE, con una península arbolada al fondo.

Con su pasión por la biología marina, el buceo y la fotografía y el cine centrados en la conservación, la científica marina británica Madeline St Clair era la persona idónea para ayudar a Canon Europe y Nature Seychelles a mostrar la realidad de la degradación del coral.

Permítenos salirnos por un momento del guion: pocas formas hay mejores de hablar de la realidad virtual, una tecnología capaz de llevar tu mente a otro lugar y hacerte vivir, aunque sea por unos instantes, el mundo de otra persona. Antes de profundizar en la tecnología, conviene recordar que el mayor logro de la VR es conseguir que te olvides de que existe. Empecemos por explicar por qué esto es importante…

A raíz de la colaboración de Canon Europe con Coral Spawning International y Nature Seychelles, se descubrió que algunos de los mayores retos para estas organizaciones residen en la educación, en dar a conocer su trabajo y las amenazas que sufren los océanos, así como en explicar lo que todo ello implica para el planeta.

«La biodiversidad de los arrecifes es fundamental para la salud de los océanos», explica el Dr. Jamie Craggs, biólogo marino y fundador de CSI. «Una de cada dos respiraciones que hacemos contiene oxígeno generado por los sistemas oceánicos. Por eso necesitamos océanos sanos para que las personas también lo estén».

Ahora mismo, los arrecifes de coral están en peligro. El aumento de la temperatura y la contaminación de los océanos los están sometiendo a niveles de estrés sin precedentes. Incluso una subida de apenas uno o dos grados hace que el coral expulse las diminutas algas de las que se alimenta. Sin ellas, empieza a quedarse sin alimento y se vuelve blanco, un fenómeno conocido como «blanqueamiento». A medida que los océanos se calientan, el blanqueamiento se produce con más frecuencia, por lo que a los arrecifes cada vez les cuesta más recuperarse o, en muchos casos, ya no lo consiguen.

Aun así, mostrar esta realidad al mundo no es tarea fácil, como bien sabe Madeline St Clair, bióloga especializada en corales y cineasta. Madeline se guía por una idea muy sencilla: «proteges lo que amas, pero no puedes amar lo que no conoces». Con esa idea en mente, no dudó en unirse a un equipo pequeño pero intrépido, en el que también participaba Mark Fensome, especialista en productos de realidad virtual de Canon Europe, para aceptar el reto de contar la verdadera historia de los arrecifes de las Seychelles a través de una experiencia inmersiva.

Mujer con traje de neopreno sosteniendo una carcasa estanca con una cámara Canon EOS R5 C y un objetivo Canon RF 5.2mm F2.8L DUAL FISHEYE.

Gracias a los avances tecnológicos, un equipo de VR puede ser tan sencillo como un cuerpo de cámara y un objetivo Dual Fisheye. Para este proyecto, la fotógrafa y cineasta Madeline utilizó una cámara Canon EOS R5 C con un objetivo Canon RF 5.2mm F2.8L DUAL FISHEYE en una carcasa estanca hecha a medida.

El kit definitivo para grabar VR bajo el agua

El tamaño del equipo es más importante de lo que parece, y en buena parte se debe al tamaño compacto, la portabilidad y la sencillez de la configuración técnica.

«Antes, para grabar en 3D o VR, necesitabas dos cámaras, dos objetivos ojo de pez y dos sensores, lo que generaba dos archivos independientes que después había que procesar. Además, lograr que ambas cámaras estuvieran bien sincronizadas y alineadas siempre requería mucho trabajo», explica Mark. Sin embargo, para conseguir esa misma experiencia virtual, Madeleine utilizó una sola cámara Canon EOS R5 C con un objetivo Canon RF 5.2mm F2.8L DUAL FISHEYE, todo ello adaptado para alojarse en una carcasa estanca hecha a medida.

«La elección de la cámara fue muy meditada, porque necesitábamos grabar vídeos de larga duración», añade Mark. «También queríamos poder grabar en RAW LT 8K 60p para ofrecer la mejor experiencia posible. Es por este motivo que la EOS R5 C, con su ventilador integrado, nos permitía mantenerla lo más fría posible dentro de la carcasa».

Cuando se graba en un entorno tan poco habitual, es vital simplificarlo todo al máximo. En cuanto al equipo, el hecho de trabajar en realidad virtual facilitó las cosas: una cámara, un objetivo y una batería externa, todo dentro de una carcasa diseñada para grabar bajo el agua, con un flujo de trabajo de una sencillez casi imposible. «Después solo tienes que exportar un único archivo a nuestro software EOS VR Utility», explica Mark.

De esta manera, aunque había un equipo listo para ayudar durante el rodaje, era Madeline quien tenía la cámara y la responsabilidad de contar la historia. Bueno, casi.

Los retos del rodaje bajo el agua

Podríamos pensar que menos equipo equivale a menos complicaciones, pero había un problema especialmente paradójico, y no tenía absolutamente nada que ver con la tecnología. «Encontramos un pequeño arrecife de coral, increíblemente bonito, con muchas especies distintas y aparentemente intacto», cuenta Madeline. Sin embargo, esa perfección tenía un precio. Si hay algo imprescindible al grabar en realidad virtual, es la estabilidad. «El problema era que había una corriente de vaivén muy fuerte, con el agua desplazándose de un lado a otro». Al buscar otra ubicación, no encontraron más que arrecifes degradados uno tras otro, así que Madeline tuvo que enfrentarse, literalmente, a ese vaivén.

«Bajo un agua cristalina y en calma en la superficie, puede haber auténticas turbulencias», explica. «Te encuentras en un mundo mucho más tridimensional, donde el agua que te rodea también se mueve. Eso te da más flexibilidad a la hora de grabar, pero también lo hace todo mucho más difícil, porque estás a merced de los elementos».

Para prepararse, fueron a una piscina cercana y pasaron horas probando distintas posiciones de buceo. «En realidad virtual, grabas a la altura de la cabeza», explica Madeline. «Sin embargo, cuando buceamos con botella, lo hacemos en posición horizontal, así que eso no iba a funcionar».

Aún quedaban muchos detalles por resolver antes de poder pensar siquiera en subir al barco. «Tiene sentido que el nivel de resolución de problemas fuera algo mayor que en un rodaje habitual», afirma. «Teníamos que encontrar el punto exacto: lo bastante cerca para crear una experiencia inmersiva con el coral, pero con la distancia suficiente para que el enfoque y la profundidad de campo funcionaran bien».

Madeline St Clair bajo el agua con un traje de buceo, junto a una cámara Canon EOS R5 C y un objetivo Canon RF 5.2mm F2.8L DUAL FISHEYE en una carcasa estanca, fijados a un trípode en el fondo marino.

Cuando se trabaja con elementos naturales como el océano, la preparación tiene sus límites, pero saber que podían confiar plenamente en el equipo de cámara permitió a Madeline y a su compañera de buceo, Sophie, concentrarse en fijar el trípode al fondo marino y mantenerlo estable pese a la corriente.

Madeline St Clair, sentada en un barco con traje de neopreno, mira a través de un visor de VR junto a un MacBook Pro. Detrás de ella, una cámara Canon EOS R5 C y un objetivo Canon RF 5.2mm F2.8L DUAL FISHEYE en una carcasa estanca, montados en un soporte.

Gran parte del trabajo de Madeline busca que el público sienta lo que ve y conectar con sus emociones. Contar esta historia con VR ha ayudado precisamente a conseguirlo. Descubre más sobre la experiencia de Madeline al otro lado del objetivo.

Antes de llevar el equipo al arrecife, hicieron pruebas a fondo para comprobar que la cámara se asentaba bien en el agua y que, por encima de todo, la carcasa quedaba perfectamente estanca. Después de cada inmersión, sacaban la cámara de la carcasa estanca para exportar el material grabado a un MacBook Pro y revisarlo con un visor de VR. A continuación, volvían a colocarla en la carcasa y la presurizaban de nuevo con una bomba antes de que Madeline se equipara y empezara otra vez desde cero. «La carcasa era una de las primeras muestras de este tipo y no permitía incorporar un monitor externo», explica Mark. Esto complicó un poco un proceso que, en gran medida, era bastante sencillo, pero ese tiempo adicional también les dio un margen de respiro muy necesario.

Dedicar tiempo a las pruebas también les enseñó unas cuantas cosas sobre la importancia de las juntas tóricas. Mark aún recuerda la sensación inicial de pánico: «¡Había agua dentro de la carcasa!». Por suerte, ninguna pieza sufrió daños, pero el origen del problema no era fácil de encontrar. «Todos temíamos que la unidad estuviera agrietada, pero Madeline tuvo una idea». Observó que faltaba una junta tórica en la válvula de liberación de presión. Tras un enorme suspiro de alivio, el rodaje pudo continuar.

Sin embargo, en el arrecife aún quedaban más retos a los que enfrentarse. El vaivén no dejaba de arrastrar a Madeline de un lado a otro, hacia delante y hacia atrás, mientras ella intentaba mantener el material grabado lo más estable posible. «En VR, esto es importante», explica Mark. «Cuando llevas el visor, tus ojos perciben perfectamente el movimiento aunque tú no lo sientas. El cerebro intenta entender qué está pasando, y de ahí pueden venir el mareo o la incomodidad, sobre todo si haces panorámicas o te mueves de izquierda a derecha».

Sin embargo, llegó un momento en que el vaivén se volvió tan fuerte que hizo falta recurrir al ingenio humano de toda la vida. A quince metros bajo el agua, «el punto ideal para grabar, donde el coral era realmente espectacular y la luz muy buena», Madeline, su compañera de buceo Sophie y un equipo de Nature Seychelles se enfrentaron al océano para probar algo nuevo: fijar un trípode al fondo marino. «Lo sujetamos con lastres y cinturones de buceo, y añadimos un dispositivo de flotación para poder maniobrar con todo el conjunto, bastante pesado, hasta el fondo». Después, añadimos la cámara y el objetivo VR». Milagrosamente, funcionó, y el material grabado con aquel montaje improvisado bajo el agua fue todo un éxito.

Tortuga nadando sobre el coral bajo el agua en las Seychelles, imagen tomada con una cámara Canon EOS R5 y un objetivo Canon RF 15-35mm F2.8L IS USM

El objetivo de este proyecto no era solo acercar un mundo que no vemos a quienes nunca tendrán la oportunidad de contemplarlo y destacar la importancia de la conservación de los corales, sino también crear una película que invite a detenerse, sumergirse en un mundo nuevo y tomar mayor conciencia de lo que existe bajo la superficie del océano. Imagen tomada con una cámara Canon EOS R5 y un objetivo Canon RF 15-35mm F2.8L IS USM a 17 mm, con una configuración de exposición de 1/250 s a f/16 e ISO 800.

Cómo la realidad virtual da vida a un mundo que no vemos

Al ponerte el visor por primera vez, antes incluso de tener ocasión de apreciar la belleza del coral, hay algo que llama la atención de inmediato. La sensación se parece muchísimo a bucear. Lo curioso es que, pese a todas las pruebas y la planificación, esa sensación resultó ser una feliz casualidad. «A veces, ver VR a través de un visor puede resultar un poco extraño, pero en este caso juega a favor de la experiencia, porque refuerza aún más la sensación de estar buceando, casi como si miraras a través de la máscara de buceo de Madeline y lo vieras todo en primera persona. Incluso tienes que mover la cabeza para ver la imagen completa, tal como harías en la vida real», explica Mark.

Puede parecer un detalle menor, pero es clave, porque cuando la VR funciona, consigue que tu cerebro se lo crea.

La mayoría de nosotros nunca nos pondremos realmente esa máscara de buceo ni viviremos en primera persona la impresionante belleza de un arrecife de coral. Por eso, entender la tragedia que supone la pérdida de los arrecifes también exige un ejercicio de imaginación. Sin embargo, al utilizar la realidad virtual, organizaciones como Coral Spawning International y Nature Seychelles pueden ayudarnos a dejar a un lado la incredulidad y descubrir un mundo amenazado que, desde luego, es muy real.

Written by Marie Leonard

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