¿Hay algo que una más a la gente que el fútbol? Sí, verlo en un estadio o por la tele con amigos es genial, pero jugar un partido juntos es el alma de este deporte. Todo lo que necesitas saber sobre este deporte queda claro cuando descubres que, desde hace más de cien años, las personas ciegas y con discapacidad visual también juegan al fútbol.
De hecho, el fútbol para ciegos se juega en toda España desde hace más de cincuenta años, y se extendió al mundo entero en 1996 gracias a la Federación Internacional de Deportes para Ciegos. Además, gracias a su colaboración con la Fédération des Aveugles et Amblyopes de France (la Federación Francesa de Ciegos y Personas con Deficiencias Visuales), los compañeros de Canon Francia tuvieron recientemente la oportunidad de poner a prueba sus propias habilidades y aprender más sobre cómo es vivir con una discapacidad visual.
Conocido en Francia como «cécifoot» (una combinación de las palabras francesas «cécité» —ceguera— y «foot» —fútbol—), el país cuenta con un historial bastante consolidado, ya que su selección nacional ganó el oro en los Juegos Paralímpicos de París de 2024. Es un juego de cinco contra cinco que se ha adaptado de formas muy ingeniosas, lo que permite que puedan jugar tanto personas ciegas y con discapacidades visuales como personas videntes.
Todos los jugadores, excepto el portero, llevan un antifaz, para que todos compitan en igualdad de condiciones y sigan el movimiento del balón gracias al ruido que hace. Los espectadores se quedan lo más callados posible para que los jugadores puedan oír el balón y los únicos otros sonidos de orientación provienen del portero, un entrenador, un asistente (que se coloca detrás de la portería contraria) y los propios jugadores, que deben gritar «¡Voy!. ¡Voy! ¡Voy!» justo antes de entrar a disputar el balón. Es un partido tranquilo para los espectadores, pero con la misma energía y celebración de los goles.
Curiosamente, Canon Francia mantiene una colaboración con el club de fútbol local, CS Pouchet Paris XVII, cuyo campo está justo al lado de la oficina. Así que no solo contaban con el lugar perfecto, sino que también pudieron invitar a sus jóvenes jugadores videntes a participar en la jornada y aprender de futbolistas profesionales ciegos y con discapacidades visuales. Entre ellos estaban Julien Zéléla, fundador del fútbol para ciegos en Francia y presidente del club Cécifoot Saint-Mandé, e Yvan Wouandji, una leyenda del cécifoot francés y embajador de la Federación, que es ciego desde los 10 años, quien habló de su trayectoria personal en este deporte y les transmitió consejos y técnicas.
Había mucho que aprender. Por ejemplo, un futbolista vidente cuenta con la información constante que le proporcionan sus propios ojos para reaccionar ante el campo y los demás jugadores. Los jugadores de cécifoot deben conocer el espacio de antemano. Así que, antes de un partido, recorren el terreno de juego, midiendo distancias, familiarizándose con los límites del campo y localizando los postes de la portería, para poder construir un mapa espacial mental antes de jugar. Se trata de un conjunto de habilidades totalmente distinto, además de las que se necesita para marcar el gol perfecto, lo que hace que la experiencia sea mucho más que un simple partido informal. Entender esto supuso un verdadero momento de revelación para todos los que participaron.
Y luego, cuando llegó el momento de intentarlo por sí mismos, los retos se volvieron muy reales. Al desaparecer la percepción habitual de la distancia y la dirección que tienen las personas videntes, incluso solo para intentar marcar un gol, los compañeros y el equipo invitado necesitaron que se les guiara hasta el lugar correcto. De inmediato, la pérdida de visión puso el sistema de detección de amenazas de su cerebro en alerta máxima, aunque estuvieran perfectamente a salvo. La mente reacciona a la oscuridad; los movimientos se ralentizan, el oído cambia e incluso las habilidades motoras básicas y el equilibrio se ven afectados. Por supuesto, con el sol acariciándote la piel en un cálido día de primavera, rodeado de voces conocidas y —lo más importante— con la posibilidad de quitarte el antifaz en cualquier momento, no había ningún riesgo. Pero fue un ejercicio muy impactante para comprender lo que significa la pérdida de visión.
Y aunque todos hicieron una pausa para comer, el aprendizaje no se detuvo. Se pidió a los comensales videntes que llevaran los ojos tapados durante toda la actividad, una experiencia totalmente desconocida en un entorno muy familiar. Comprendieron que se necesita mucha concentración, cuidado e incluso confianza para disfrutar de una comida. A lo largo del día, también se invitó a los compañeros a participar en sesiones donde aprendieron los fundamentos del braille.
El evento se diseñó de forma ingeniosa para transmitir un mensaje importante. Sí, es inspirador ver y probar la extraordinaria habilidad del cécifoot. Pero para comprender los retos de la vida como persona ciega o con una discapacidad visual, hay que empezar por lo cotidiano: comer, aprender a orientarse y cómo se siente uno al moverse por el mundo de otra manera. Y las pocas adaptaciones que hay. Y esto hace que los logros de Julien, Yvan y de todas las personas ciegas o con discapacidad visual se vean con mucha más claridad y relevancia.
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