Un objetivo lleno de polvo lunar: retratando el mundo secreto de los astronautas

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Los cuatro astronautas de la misión Artemis II —Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen— aparecen de perfil, mirando hacia la izquierda, en fila. Llevan trajes de vuelo de un azul brillante y, detrás de ellos, hay una enorme cápsula espacial metálica de forma cónica. © Paolo Verzone para Gallerie D’Italia

¿Alguna vez te has quedado mirando las estrellas con asombro e imaginaste que estabas en un cohete de camino a la Luna? Si es así, estás en la mejor compañía posible. «Soy un apasionado del espacio desde que era niño», confiesa el embajador de Canon, Paolo Verzone. «Vi todas las misiones del transbordador espacial por la tele». Pero el pequeño Paolo nunca se habría imaginado que algún día tendría acceso entre bastidores a una misión que cautivó la imaginación de todo el mundo.

Pero este tipo de proyectos increíbles no surgen de la nada. Así que, para Paolo y su colaborador de toda la vida, el cineasta Massimo Nicolaci, se trataba de aprovechar esa pasión y, bueno, esperar a que los planetas se alinearan. «En 2020, estábamos trabajando en Svalbard, Noruega, en un proyecto de carácter científico: arqueología y paleontología», explica. «Y aunque ambas disciplinas están relacionadas con la exploración del espacio, nunca habíamos pensado en un proyecto del espacio hasta que leímos sobre la misión Artemis de la NASA».

Para los que no lo sepan, Artemis es un proyecto emocionante, ambicioso y a largo plazo para llevar de nuevo al ser humano a la Luna por primera vez desde la «carrera espacial» de los años 60. En última instancia, su objetivo es establecer una base lunar permanente, toda una hazaña que requerirá una increíble combinación de nuevas tecnologías y astronautas altamente cualificados, que además sean científicos e ingenieros. Y si piensas que eso parece lo más alucinante que se podría capturar en fotografía y vídeo, Paolo y Massimo ya se te habían adelantado. «¡No paraba de dar saltos en la silla!», recuerda Paolo. «Decía que, dentro de cinco o seis años, todos los ojos estarían puestos en Artemis… y tenía razón. Así que me lancé de lleno, llamando y enviando correos electrónicos a revistas, gritando: “¡No os perdáis esta oportunidad!”».

En esta foto tomada desde arriba, un técnico con bata blanca de laboratorio, redecilla para el pelo y guantes de protección trabaja dentro de la escotilla central de la estructura metálica de una nave espacial, manipulando con cuidado el cableado y los componentes internos.

© Paolo Verzone para Gallerie D’Italia

Un astronauta vestido con ropa informal está de pie dentro de una maqueta muy detallada de un módulo de una estación espacial. Está trabajando con un portátil fijado a un panel de pared lleno de interruptores, cables y equipos complejos.

© Paolo Verzone para Gallerie D’Italia

Pero, allá por 2020, la mayoría no entendía su entusiasmo. Así que Paolo y Massimo pensaron que tendrían que ir dando forma a la idea poco a poco, con pequeños proyectos hasta que llegara el momento en que todo encajara. Los primeros en sumarse fueron GEO GERMANY, que les encargaron un reportaje sobre el papel de la Agencia Espacial Europea (ESA) en la construcción de un componente del módulo Artemis: el Módulo de Servicio Europeo para Orión, la nave principal que transportaría a los astronautas. «Después me contactó la Gallerie D’Italia de Turín, un museo que solo expone obras que ellos mismos encargan. Me preguntaron: “¿Tienes algún proyecto muy, muy ambicioso?”». Y así fue como se metieron de lleno en el proyecto: documentando el trabajo de la ESA, sí, pero para Paolo y Massimo lo importante eran las personas que hay detrás de la magia del espacio.

«Los astronautas realizan quince años de entrenamiento, pero ¿quién los entrena? Detrás de cada uno hay 500 personas: geólogos, científicos, ingenieros…», explica Paolo. «¿Y las máquinas, la robótica, las tecnologías? ¿Quién las construye? Todo el mundo está colaborando para que esto salga adelante y es algo precioso». Massimo añade: «Esta gente cree que el siguiente paso en la evolución es vivir en el espacio, en la Luna, en Marte». Se nota de verdad que están haciendo historia, y nosotros estamos ahí para mostrar esa magia».

Pero la visita a las islas Lofoten, un archipiélago del norte de Noruega, les permitió ver este mundo de una forma totalmente inesperada. «Allí hay un lugar de 500 metros cuadrados, un paisaje misterioso que es lo más parecido al suelo lunar que puedes encontrar en la Tierra, y es donde se entrena a los astronautas en geología», explica Paolo. «Les preguntamos dónde podíamos encontrarnos con ellos», recuerda Massimo. «Y nos enviaron las coordenadas. Condujimos hasta donde pudimos, y luego tuvimos que caminar y buscar a alguien vestido con los trajes de la Agencia Espacial Europea».

Interior de una instalación parecida a un hangar, diseñada para imitar el paisaje lunar, con polvo, cráteres y rocas. Al fondo se ve un módulo de aterrizaje espacial con paneles solares y una antena parabólica.

© Paolo Verzone para Gallerie D’Italia

Un robot humanoide azul y plateado está de espaldas a un equipo de científicos e ingenieros, que parecen estar controlándolo desde sus escritorios, donde tienen varias pantallas de ordenador.

© Paolo Verzone para Gallerie D’Italia

A esta pareja no les resultan ajenas esas condiciones aisladas y difíciles, pero una superficie que simula la de la Luna presenta retos que solo pueden describirse como de otro mundo. Por ejemplo, había polvo lunar. «Se llama regolito», aclara Paolo. «Así que tuvimos que tapar las cámaras con cinta adhesiva de plástico, porque si no, se colaría dentro. Eso significaba que no podíamos cambiar los ajustes ni siquiera mirar por el visor. Pero eso es mágico, porque tienes que ir a ciegas —seguir tu sexto sentido— y rezar para que, cuando vuelvas de la superficie de la Luna, hayas capturado algo muy interesante».

Al mismo tiempo, volaban por toda Europa para visitar varias sedes tecnológicas de la ESA, con el fin de estar presentes en el desarrollo de todo tipo de tecnología robótica relacionada con la exploración del espacio (incluidos los famosos rovers lunares) y observar cómo interactuaba la gente con las máquinas. Para Paolo y Massimo, era fundamental mostrar a los astronautas sin posar, haciendo su trabajo de verdad, así como dar una idea de cómo son realmente. «Son las personas más humildes que he conocido en mi vida», dice Paolo. «Se centran en una sola cosa: si están hablando contigo, para ellos todo el universo eres tú. Y se mueven despacio, no se precipitan y nunca corren».

Él lo sabe bien, ya que también fue quien estuvo detrás de la cámara para capturar las imágenes, ahora mundialmente famosas, de la tripulación del Artemis II. «Estábamos en Noruega fotografiando a los astronautas de la ESA cuando la revista Time magazine preguntó si podía estar en Houston en 48 horas para una sesión de fotos de 45 minutos con ellos. Y dije que sí, ¡por supuesto! Más tarde, mucha gente me escribió diciendo: «¡ahora entendemos lo que estabas haciendo!»

Lo que nos han dado (y seguirán dándonos —ya están metidos de lleno en Artemis III—) fue como asomarse detrás del telón de un escenario, solo que se ve algo más que a los actores esperando a salir a escena. Es una oportunidad única en la vida de observar cómo se forma un astronauta y de asomarte a un mundo, un futuro y una mentalidad que no tienen nada que ver con lo que la mayoría de nosotros llegaremos a vivir jamás. Es alucinante en muchos sentidos, incluso para Paolo y Massimo. «Los científicos no hablan de raza ni de género; tienen una visión más amplia. Somos homo sapiens», dice Paolo. «Y un ingeniero de la ESA me dijo que tienen un plan a 800 años vista para llevar al homo sapiens a la siguiente dimensión».

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