Todos hemos deseado alguna vez tener una bola de cristal. ¿Y si tuviéramos una para nuestra salud, creada a partir de las historias de nuestros propios cuerpos? Es lógico pensar que, cuando analizamos la salud a largo plazo, cuanto más sabemos, más conexiones podemos hacer. Sin embargo, es muy triste que la salud de las mujeres haya sido históricamente desatendida, lo que significa que existe una enorme falta de datos de etapas biológicas cruciales de la vida. Pero recopilar esta información de forma habitual podría suponer un cambio radical para todos.
Esto es algo que Erin Beveridge, investigadora clínica principal de
Canon Medical Research Europe, examina todos los días en su trabajo, especialmente en el área de neurorradiología, utilizando técnicas de imagen para observar el cerebro, la columna vertebral y el sistema nervioso. Pero recientemente ha ampliado el foco de su investigación. «Seguimos de cerca las tendencias clínicas en diferentes áreas y he diseñado un mapa de tendencias de la salud de la mujer para estudiar las diferencias entre sexos y las enfermedades», explica. «Porque cuando comencé mi investigación, me di cuenta de que en los titulares solo se hablaba de "cáncer de mama y obstetricia". Y sí, esto es obviamente muy importante, pero no abarca todo el espectro de la salud de la mujer».
Esta falta de datos sobre las necesidades clínicas de las mujeres se puede atribuir en parte a la persistente costumbre de usar el cuerpo masculino como el estándar «medio», no solo para protocolos médicos, sino también para probar desde la temperatura ambiente ideal hasta el diseño del transporte público. Así que, claramente, si el estándar es un hombre occidental de estatura y peso medios, el problema existe desde el principio. «Además, da la sensación de que hay un sesgo más general», añade Erin. «Y algunas creencias, como que las mujeres son más propensas a la ansiedad, se han arraigado en el sistema».
Al mismo tiempo, descubrió que el resultado no solo es un impacto abrumador en la salud a largo plazo de las mujeres, sino enormes consecuencias económicas, ya que el enfoque está casi exclusivamente en el tratamiento y no en la prevención. Un excelente ejemplo de esto es la cardioobstetricia: la salud cardíaca de las mujeres antes, durante y después del embarazo. «La obstetricia se centra en el bebé, pero en realidad se presta muy poca atención a la madre. Y eso que el embarazo es una prueba de resistencia fisiológica inmensa, que puede poner de manifiesto las debilidades de su cuerpo», explica. «Tenemos una ventana excepcional en la que podemos vislumbrar el futuro de su salud, durante una etapa en la que tiene más contacto con los servicios de salud que en cualquier otra, por lo que se podrían incorporar evaluaciones para el futuro».
Por ejemplo, Erin descubrió que la preeclampsia (cuando se desarrolla presión arterial alta durante el embarazo, que afecta tanto a la madre como al feto) puede ser un indicador importante de enfermedad cardiovascular en etapas posteriores de la vida, una señal clara para iniciar medidas preventivas. Pero, igualmente, se podrían salvar vidas si se prolonga el seguimiento de las mujeres en los meses después de haber dado a luz. «La segunda causa principal de muertes maternas tardías [más de 42 días, pero menos de un año después del final del embarazo] es la enfermedad cardiovascular y, al igual que ocurre con la mortalidad materna, las mujeres de origen no blanco tienen un mayor riesgo».
La salud cerebral es otra área de investigación clave en la que no se han tenido suficientemente en cuenta las diferencias biológicas de las mujeres. «Sin embargo, las mujeres representan dos tercios de los pacientes con Alzheimer y tienen tres veces más probabilidades de desarrollar esclerosis múltiple», subraya, y añade: «Las mujeres también tienen el doble de probabilidades de ser diagnosticadas con depresión y, en atletas femeninas, el riesgo de conmoción cerebral se duplica, con una gravedad que depende del momento del ciclo menstrual en el que se encuentren». Su investigación también reveló una verdad aterradora y a menudo silenciada: «las mujeres que sufren violencia de género muestran signos de lesión cerebral en más del 50 % de los casos, pero normalmente no se reconoce. Con demasiada frecuencia, estas mujeres reciben diagnósticos erróneos de trastornos de salud mental y sus lesiones quedan sin tratar».
Es una responsabilidad colectiva cambiar el rumbo y asegurarnos de que las mujeres de todos los ámbitos de la vida estén incluidas, para que las futuras generaciones reciban la atención y cuidados médicos que merecen».
Las fluctuaciones hormonales tienen un impacto claro en cómo responden los cuerpos de las mujeres al trauma, y Erin añade: «Las presiones del embarazo y la menopausia sobre el organismo también son clave para entender las enfermedades prevenibles». ¿No es cierto que estos increíbles y constantes estados de cambio son ideales para los científicos que buscan entender la naturaleza dinámica del cuerpo humano? ¿Cómo respondemos a lo largo del tiempo y bajo diferentes condiciones? Tendría todo el sentido entender qué desencadena el cambio y cómo los cuerpos se adaptan o se deterioran y, al hacerlo, crear potentes modelos de predicción, así como utilizar esos datos para orientar el diseño de tratamientos para todos. «Si ni siquiera podemos hacer esto para el 50 % de la población, ¿cómo vamos a lograr una medicina personalizada?», se pregunta Erin. «¿No estamos omitiendo un paso fundamental?».
Por supuesto, existe un argumento adicional: centrar la atención clínica en los cuerpos de las mujeres a largo plazo genera importantes beneficios sociales y económicos. O dicho de otra forma, prevenir los riesgos que ponen en tensión a las personas, sus familias, los médicos, los hospitales y otros servicios crea una población más saludable y productiva. «Esto va más allá de la medicina», dice Erin. «Se trata de nuestras comunidades, la sociedad en su conjunto e incluso de nuestras economías».
En un momento en que la salud cerebral global se está convirtiendo en una prioridad internacional y la OMS señala que «la brecha en la salud de la mujer significa que las mujeres pasan un 25 % más de su vida con mala salud o discapacidad que los hombres», la urgencia es muy real. Erin no es una voz aislada cuando subraya que abordar estas desigualdades requiere un esfuerzo a escala mundial. Según Erin, todo comienza con «escuchar a las mujeres y amplificar sus voces en el liderazgo sanitario». Porque, para avanzar hacia un mundo de atención médica verdaderamente equitativa y personalizada, debemos dejar de diseñar la medicina en torno a un promedio que no existe y empezar a construirla en torno a la plena diversidad de la experiencia humana. «Es una responsabilidad colectiva», añade, «cambiar el rumbo y asegurarnos de que las mujeres de todos los ámbitos de la vida estén incluidas, para que las futuras generaciones reciban la atención y cuidados médicos que merecen».
Más información sobre la labor de
Canon Medical Research Europe.
Relacionado
-
Tranquilizar a los pacientes: llevar comodidad y amabilidad al proceso de diagnóstico
Que te manden una resonancia puede ser aterrador, pero detrás de cada TC e IRM hay decisiones de diseño meditadas y tecnologías útiles que ayudarán a calmar nuestra ansiedad.
-
Realidad virtual para radiología en el mundo real
Los radiólogos recibieron la formación en ecografías más actualizada de una forma nueva e inmersiva, gracias al Sistema Canon EOS VR y a Canon Medical.
-
Los escáneres móviles ofrecen escenas relajantes
Los escaneos pueden ser aterradores, por lo que Canon Medical ha diseñado sus unidades de tomografía móviles para brindar la máxima tranquilidad, con preciosas imágenes de fotógrafos de renombre mundial.
-
La tecnología y las herramientas que reducirán la brecha en el diagnóstico
En la actualidad, la tecnología centrada en el paciente y las herramientas basadas en datos son, junto con la educación y la eliminación de tabúes, formas clave de mejorar el acceso de las mujeres a la atención sanitaria.