«Colaboración» es una palabra que, con demasiada frecuencia, suena más impresionante de lo que realmente es. Se utiliza para describir desde «un grupo de personas que trabajan en el mismo proyecto» hasta «una conversación rápida sobre una tarea» y, lamentablemente, al final acaba siendo una simple palabra de moda. De vez en cuando, eso sí, aparece un equipo que encarna ese concepto de forma literal y que, sin hacer ruido, consigue un trabajo excepcional y valioso, en conjunto.
«Nosotros nos dedicamos al desarrollo de software», afirma Gabriella Semple con total naturalidad. Gabriella es nuestra Software Technology Manager para Europa dentro del Integrated Printing & Services Group (IPSG) y habla del equipo con una claridad y un pragmatismo acordes con lo que cabe esperar en alguien en su cargo. «Básicamente, apoyamos el negocio en diversas áreas, pero nuestro objetivo es ofrecer rápidamente software de alta calidad y valor a nuestros clientes». Debido a la naturaleza de su trabajo, que consiste en resolver problemas en un entorno increíblemente diverso, Gabriella trabaja junto a una treintena de ingenieros de software que no solo deben tener conocimientos actualizados, sino también ser capaces de aplicarlos con la máxima excelencia siguiendo los protocolos establecidos por la industria mundial del software.
De hecho, no tiene absolutamente nada que ver con el tópico de los «programadores en una habitación a oscuras». «Hace muchos años,
sí que era
un trabajo solitario», admite. «Después de leer los requisitos del trabajo, te sentabas frente a un ordenador horas y horas escribiendo código, que luego se pasaba al equipo de control de calidad para realizar las pruebas y la implementación. Pero eso ya no es así». La forma de trabajar aceptada por todos los ingenieros es ahora la «metodología ágil», y eso significa que deben colaborar en el sentido más auténtico de la palabra, elaborando y perfeccionando su trabajo en breves intervalos y adaptándose rápidamente a los comentarios que reciben. Todo el software se desarrolla por parejas, lo que significa que una persona escribe el código y la otra lo revisa en tiempo real. Como puedes imaginar, esto puede acelerar el proceso, pero —lo que es más importante aún— también actúa como un generador de ideas en tiempo real y una herramienta de control de calidad. Sin embargo, esta manera de trabajar también crea una sensación de cercanía en todo el equipo, lo que hace que la colaboración sea mucho más natural y eficaz.
«Pasamos mucho tiempo juntos, incluso cuando teletrabajamos», recalca Gabriella. «Tenemos muchas sesiones de intercambio de ideas y conversaciones diarias». Esto garantiza que todos puedan aportar sus ideas y tengan visibilidad de todos los aspectos de un proyecto, ya que puede haber alrededor de media docena activos en un momento dado. Para hacerlo bien, cada miembro del equipo debe tener un conjunto de habilidades que abarque más que la programación. «Todos deben comprender lo que se necesita y ser capaces de proponer soluciones», explica. «Pero la clave para lograrlo es comprender el verdadero valor comercial de nuestro trabajo y no solo desarrollar por desarrollar».
Este tipo de mentalidad empresarial no suele atribuirse a los equipos de desarrollo de software, pero es esencial para el contexto y la comprensión necesarios, igual que la capacidad de colaborar fuera del equipo, codo con codo con las personas para las que crean soluciones. Podría ser perfectamente un cliente que requiere mejoras especiales en su red de impresoras, desafíos de seguridad o cualquier parte del negocio de Canon en la que se busque un software a medida para optimizar un proceso.
Cada solicitud se aborda con el mismo cuidado y consideración con el objetivo de comprender cuáles son sus beneficios generales. Luego, los ingenieros de software estudian los desafíos tecnológicos y de tiempo que conlleva, además de realizar un análisis completo de los costes. Se podría pensar que se trata de un proceso largo, pero nada más lejos de la realidad. «Podemos echar una mano rápidamente con los desafíos técnicos e incluso con los prototipos», añade, en referencia al éxito demostrado de esta forma de trabajar. «La mayoría del equipo está compuesto por ingenieros de software o ingenieros de software sénior. También tenemos ingenieros de control de calidad, un arquitecto de software y un "scrum master", que es como un jefe de proyectos, pero más en el entorno ágil», explica.
Hace muchos años, era un trabajo solitario. Te leías los requisitos y luego te sentabas frente a un ordenador horas y horas y te ponías a escribir código... Pero ya no es así».
Existe la sensación generalizada de que los equipos muy unidos y colaborativos son el resultado de «algo especial»: poseen una cualidad difícil de definir y de identificar que les permite lograr el éxito allí donde otros no lo han conseguido. Esto también sugiere que es algo increíblemente difícil de replicar. Pero la experiencia de Gabriella en su trabajo con nuestro equipo de ingenieros de software contradice esa opinión. Durante el proceso de contratación, se tiene mucho cuidado de elegir a personas con excelentes habilidades técnicas, pero la capacidad de trabajar en equipo también es un requisito imprescindible.
«Nuestro proceso de selección consta de una prueba técnica, una presentación y una tarea de diseño», explica. «Pero también queremos que los candidatos demuestren que saben trabajar en equipo. Por lo tanto, hay una pequeña sesión en la que programamos software juntos». Esto sirve para establecer las expectativas desde el principio y pone la programación y la comunicación en el centro de todo, como los cimientos del equipo, dejando claro que no hay lugar para el error ni el ego cuando creamos soluciones para los clientes. El equipo en su conjunto también ha redactado una declaración de misión, que se centra en el trabajo en equipo, la confianza, la transparencia y el aprendizaje continuo como pilares fundamentales que les ayudan a alcanzar sus objetivos. «Es una forma de inspirarnos», señala Gabriella. Pero, en realidad, es un modelo que nos inspira a todos y que nos demuestra que la colaboración no es una simple palabra de moda: se trata de resolver problemas juntos, pasando de la teoría a la práctica.
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