ARTÍCULO

Dejar todo atrás: Jérôme Sessini nos habla del impacto emocional de la fotografía de guerra

An Orthodox priest blesses protesters along a barricade in Kiev, Ukraine, during protests in 2014, captured by Jérôme Sessini. Unidentified snipers had opened fire on unarmed protesters, with an official sources suggesting 70 people were shot dead.

Sangrientas guerras civiles en Iraq y Siria. Levantamientos violentos en Libia y Ucrania. Tiroteos entre los cárteles de la droga en México. Estos son solo algunos de los entornos en los que el fotógrafo de Magnum Jérôme Sessini se ha adentrado. No es ese tipo de fotógrafo que llega, hace unas cuantas fotos y sale corriendo. Sessini pasa largos periodos, repartidos en varios años, en algunas de las zonas de guerra más intensas del planeta, para poder capturar adecuadamente la cruda realidad de la vida allí.

Para ello se pone en grave peligro y resulta inevitable preguntarse cómo afecta a su mente y su alma permanecer expuesto a toda esa brutalidad y sufrimiento. Una pregunta aún más imposible de ignorar desde el suicidio del fotoperiodista sudafricano Kevin Carter en 1994, quien afirmaba vivir «atormentado» por los vívidos recuerdos de los horrores que había presenciado. Sessini intenta desconectar: «Es innegable que someter la psique a esa violencia y sufrimiento durante 15 años tiene que ejercer algún tipo de impacto. Pero no sé qué tipo de efecto ha tenido mi trabajo sobre mí. Cuando vuelvo a casa después de un viaje, trato de dejarlo todo atrás. No quiero llevar la violencia y las guerras a mi casa, a mi hogar, a mi gente. Simplemente trato de borrarlo de mi mente».

Pero admite que no es fácil. «Es esquizofrénico. Tienes que cambiar tu forma de pensar y tu aspecto con mucha rapidez, y a veces lleva tiempo adaptarse», nos cuenta. «Por eso sé que cuando paso mucho tiempo en el extranjero, necesito una semana para volver a pensar y sentir con total normalidad. Con tiempo, soy capaz de gestionarlo».

Podría parecer que este proceso se vuelve más difícil con el paso de los años, a medida que aumenta el peso emocional de los horrores acumulados, pero lo cierto, afirma Sessini, es que cada vez me cuesta menos readaptarme a la vida normal. «Era más difícil hace 10 años», recuerda. «Ahora tengo más experiencia y edad, y ya no necesito demostrar nada ni buscar adrenalina». Esto ha hecho que el cambio de ritmo y de actitud entre la zona de guerra y la vida cotidiana se haya vuelto menos extremo. «Es más fácil diferenciar entre ambos y no dejar que todo se mezcle en la mente».

Fotografiar a las víctimas de guerra siempre ha sido la pasión Sessini, que utiliza principalmente una cámara Canon EOS 5D Mark II para realizar su trabajo. «Desde niño me han interesado las imágenes y durante la adolescencia comenzó a fascinarme la historia», explica. «También recuerdo estar sentado con mis padres viendo las imágenes de las guerras de aquel entonces en las noticias. La fotografía me parecía la mejor forma de convertirme en artista a la vez que en periodista».

In Jérôme Sessini’s stark image of the Syrian civil war, the bombed out streets of the Karm al Jabal district of Aleppo lie empty in 2013 following sustained attacks.

No utiliza los términos periodista o fotoperiodista muy a menudo, y prefiere describirse a sí mismo como fotógrafo. «No quiero encasillarme en una categoría», explica. «Las categorías limitan tu libertad de expresión. Algunos dirán "Este fotógrafo es un artista, así que no tiene derecho a visitar una zona de guerra". O "Un fotoperiodista no puede crear este tipo de imágenes". Así que prefiero tener una visión más amplia de la fotografía, sin categorías».

Al inicio de su carrera, estuvo muy influenciado por fotógrafos estadounidenses, como Robert Franks, Diane Arbus y Lee Friedlander. «Los consideraba mis maestros», comenta Sessini. «Pero el fotógrafo que mejor me hizo comprender que la fotografía es un lenguaje fue Mark Cohen. Aunque no se parece en nada a lo que hago ahora, en ese tipo de fotografía documental está el origen de mi pasión».

Para seguir esa pasión, Sessini dejo su pequeño pueblo en el este de Francia y se mudó a París en 1998, donde sigue asentado en la actualidad. No llevaba allí mucho tiempo cuando la agencia fotográfica Gamma le ofreció su oportunidad de oro: un encargo para cubrir el trágico conflicto de Kosovo. Desde entonces, Sessini ha fotografiado una gran variedad de zonas de guerra y conflictos, incluidos el de Iraq (de 2003 a 2008), la caída de Aristide en Haití (2004), la conquista de Mogadiscio por las milicias islámicas y la guerra del Líbano (2006).

Children and dogs play along the edge of the Rio Bravo along the border between Mexico and the United States. Families from Ciudad Juarez, once dubbed Mexico’s most dangerous city, were captured relaxing here by Jérôme Sessini in 2009.

Más recientemente publicó un libro sobre el narcotráfico y la violencia en las ciudades fronterizas de EE. UU y México (2012), y sus fotografías del conflicto ucraniano recibieron el primer y segundo premio de World Press Photo (2015). Se ha sumergido en escenarios como la Ucrania posterior al derribo del avión del vuelo MH17 y los brutales bombardeos de civiles en Alepo.

«Solía decir que yo no elegí cubrir conflictos, sino que el conflicto me eligió a mí», explica. «Me siento cómodo de inmediato en situaciones que para otras personas resultan muy complicadas. Por supuesto, he sido consciente de los riesgos en todo momento y he sentido respeto a ellos. Pero al mismo tiempo, en situaciones donde impera el caos, siempre he encontrado la capacidad para permanecer en calma, analizar la situación con rapidez y desplazarme al lugar adecuado».

Siria destaca como un importante desafío. «La experiencia en Alepo en 2012 fue muy dura, tanto emocionalmente como en términos de peligro», recuerda. «Estaba muy asustado. Ver a tantas personas, civiles, muriendo en los hospitales fue terrible y es algo que llevo grabado. México también me resultó muy duro. Seguí la batalla entre los cárteles de la droga durante cuatro años y en ese tiempo vi a muchísimas personas y familias atrapadas y destruidas en el fuego cruzado».

Dado el peligro de las situaciones descritas, es un milagro que Sessini todavía esté vivo para contarnos estas historias. ¿Crees que es sobre todo una cuestión de suerte o de cálculo? «Siempre soy consciente del peligro», responde. «Si un fotógrafo viaja a una zona en conflicto sin esa consciencia, no solo es un riesgo para sí mismo, sino también para sus compañeros y otras personas. Por eso es bueno sentir el miedo. Y es importante usarlo para autoimponerse ciertos límites. Se desarrolla una especie de sexto sentido que te permite prever cómo se van a desarrollar los acontecimientos. Instintivamente, sabes cuándo quedarse resulta demasiado peligroso».

Jérôme Sessini captures a man lying in a makeshift tent in West Bakaa, Lebanon. Another victim of the Syrian civil war, he lost his leg during a bombing in Idlib, northwestern Syria.

En la actualidad, nos dice, esa voz interior me habla cada vez más alto, instando a la prudencia. «Los fotógrafos en zonas de conflicto lo tenemos cada vez más difícil, porque ahora nos hemos convertido en objetivos específicos. El riesgo de que nos secuestren no deja de aumentar. Si te soy sincero, hay muchos lugares a los que no quiero volver porque siento que mi labor allí es inútil. Por ejemplo, no creo que sirva de mucho visitar Siria o Iraq ahora mismo, allí no podría realizar un trabajo que mereciese la pena. Es muy triste, pero no quiero ser un héroe; prefiero mantenerme con vida».

No obstante, desea continuar trabajando y ejerciendo lo que algunos describen como su vocación. «Sería pretencioso pensar que puedo cambiar el mundo», afirma. «Pero algunas imágenes pueden ayudar a entender mejor situaciones determinadas y el mundo en general. Creo firmemente en la fuerza de la fotografía, más que la del vídeo. Las fotografías permanecen y profundizan en la conciencia de las personas. Es como un lento paseo hasta la conciencia del público.

«De hecho, creo que la fotografía es una profesión muy egoísta, pero también que es posible convertir ese egoísmo en altruismo, para el otro. Aunque es difícil encontrar el equilibrio, eso es lo que intento».

Escrito por Tom May


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