ENTREVISTA

«Mueren en un plazo de entre seis y 24 meses»: Ed Kashi documenta una epidemia mortal

Family and friends gather at the graveside around the coffin of a former sugarcane worker in Chichigalpa, Nicaragua.

En enero de 2013, Ed Kashi estaba trabajando en Nicaragua, fotografiando el funeral de un trabajador de la caña de azúcar fallecido con 36 años a causa de enfermedad renal crónica de origen desconocido (ERCd), una afección sobre la que Kashi quiere llamar la atención del mundo. «Era bien entrada la tarde, y un viento templado atravesaba los árboles en este bonito y pequeño cementero de Chichigalpa», recuerda. «Estas situaciones son difíciles, porque quieres conseguir exactamente lo que necesitas para representar la situación de una forma impactante, pero también quieres ser respetuoso».

«Encontré mi posición y en ese momento, desde el fondo, escuché la voz en español de esta niña. No paraba de decir, '¿dónde está mi padre?, ¿dónde está mi padre?'. Parecía una voz angelical. Y al fin la vi, sostenida por una tía o una hermana mayor», continúa. «Es uno de esos momentos en los que sientes que estás haciendo algo muy importante. No quiero que estas adolescentes sigan perdiendo a sus padres por una enfermedad por la que no tienen que morir».

Uno de cada 10 adultos padece enfermedad renal crónica, provocada la mayor parte de las veces por diabetes, hipertensión y obesidad. Pero nadie conoce la causa exacta de la ERCd, una enfermedad que ha matado a 40 000 personas en Oriente Medio, Asia, Asia del Sur y América Central en la última década. Va en aumento, principalmente entre los trabajadores agrícolas de los países cálidos. «Se debe a las deficientes condiciones laborales», explica Kashi. «La gente trabaja bajo el sol y a menudo no tiene tres cosas básicas: descanso, agua y sombra».

Además, la ERCd raramente se diagnostica porque las personas afectadas son reacias a acudir a un médico o no pueden hacerlo. «Por desgracia, lo que ocurre es que cuando la detectan, los síntomas son tan graves que ya padecen una enfermedad renal de nivel cuatro o cinco, por lo que deben someterse a diálisis. Por lo general, fallecen en un plazo de entre seis y 24 meses». En el caso de las familias que dependen de los hombres para su subsistencia, la muerte puede resultar económicamente desastrosa, además de emocionalmente devastadora.

Jorge Martin Bonilla, 29, who died of CKDu, lies in a coffin in Chichigalpa, Nicaragua.

Kashi supo por primera vez de la enfermedad cuando realizaba un encargo para una pequeña ONG para cubrir la epidemia en Chichigalpa, en la que casi el 70 % de los hombres del pueblo contrajeron la enfermedad y murieron a causa de esta. «Con frecuencia, como fotoperiodista, indagas para intentar encontrar pruebas de la historia que intentas contar», comenta. «Pero en este caso tenía la historia frente a mis ojos cada día. En ese momento decidí que se convertiría en mi próximo proyecto».

Un proyecto personal es tan íntimo y laborioso que necesitas ser obsesivo.

Como problema no denunciado y con una investigación en marcha a la que podía contribuir y ayudar, la ERCd tenía todo lo que Kashi buscaba en un proyecto personal. Durante las últimas cuatro décadas, Kashi ha documentado un enorme número de problemas de interés, entre los que se incluyen la prospección petrolífera en el delta del Níger y la lucha de los kurdos por la autodeterminación, además de las posturas de los protestantes de Irlanda del Norte y los colonos judíos en la franja occidental. «Uno nunca sabe de dónde le llegará el siguiente proyecto personal. Es un esfuerzo íntimo y laborioso», afirma. «Necesitas ese nivel de compromiso ciego, obsesivo y maníaco».

Viewed from behind, a cane worker slices through burnt stalks of sugarcane in a field in Chichigalpa, Nicaragua, his bare back spattered with the ash and soot that also covers the ground.

Como partidario de un enfoque metódico, su estrategia visual tiene varias facetas. Explica cada una de ellas: «Entrevisto a la gente y luego les hago retratos. Pueden ser trabajadores que estaban enfermos o los seres queridos que han dejado atrás aquellos que han fallecido a causa de la enfermedad».

Nacido en 1957, Kashi estudió fotoperiodismo en la Universidad de Siracusa en su Nueva York natal. Lleva capturando con Canon desde 1977 y actualmente utiliza la EOS C100 Mark II para imágenes en movimiento y la EOS 5D Mark III para fotografías, con un objetivo EF 24-105mm f/3.5-5.6 IS STM. Pero «la técnica no lo es todo», resalta. «Tengo que hacer que mi equipo desaparezca, dominarlo, de modo que cuando esté contigo o con tu madre que está muriendo, no esté obsesionado con la exposición o el enfoque, simplemente esté presente… Tengo una cámara con un objetivo y, a no ser que algo se rompa o se pierda, es todo lo que necesito».

Kashi ha trabajado en la ERCd durante los últimos cuatro años, con la financiación de una combinación creativa de encargos, subvenciones, crowdfunding y ventas de archivos. Hasta el momento ha cubierto Nicaragua, El Salvador, India y Sri Lanka, y su trabajo no acaba ahí. Más adelante irá a Perú, con la ayuda de una subvención de National Geographic.

Two workers, their heads covered by makeshift turbans, in the village of Uchapalli, India, harvesting black whole grain, while a third worker sits in the background wearing a cap and face covering.

«También quería hacer reportaje, por supuesto, que es lo que más me gusta. Capturarlos mientras trabajan, mueren, enferman, reciben tratamiento y en sus vidas diarias, capturar las sensaciones del lugar, imágenes paisajísticas; intentar de verdad utilizar el lenguaje visual de la fotografía con un enfoque documental.

La tercera faceta, que en cierto modo es la más dominante, es la filmación. Ahora, más de la mitad de lo que hago es filmar. En cada uno de estos casos, es algo que no solo me permite contar la historia de este problema de una forma diferente, sino también llegar a un público diferente».

Y para Kashi todo se basa en llegar al público. Muchos fotógrafos quieren que su trabajo marque una diferencia, pero no todos tienen éxito. La clave, según Kashi, es la colaboración. «Siempre pienso de forma estratégica en los socios que pueden ayudarme a descubrir y comprender lo que está pasando, pero también socios que puedan cambiar las cosas con los materiales que creo. Porque no soy un activista. Puede que tenga ese espíritu, y corazón y deseo, pero no es eso lo que hago. Me dedico a contar historias».

A middle-aged woman receives dialysis via a dialysis machine at the Narayana Medical College in Nellore, India. Her right hand, extended from under her blanket, is being held by a man not visible in shot.

Puede que tenga el espíritu de un activista, pero no es eso lo que hago. Me dedico a contar historias.

La narración ha cambiado con los años y Kashi también. Habla del «profundo impacto» de las redes sociales y el vídeo, pero también del clima económico más convulso. «Crecí en el sector cuando existían los dos pilares de apoyo: un montón de encargos de editoriales y una muy buena reventa de archivos. Fue así como me labré mi carrera. Especialmente en los últimos 10 años, todo ha cambiado. Pero en ese tiempo he aprendido que hay muchas otras formas de interactuar con la gente y encontrar ayuda. Puedes crear un trabajo y, si es bueno y tiene sentido, tendrá un impacto».

sugarcane cutter Roberto Valdivia, 31, poses for a portrait in Chichigalpa, Nicaragua. Behind him a long, rain-soaked straight road stretches into the distance. A man walks away from the camera carrying a plastic shopping bag, while a woman rides away on a bicycle with a child in her arms and another woman and child sit on the front steps of a house at the side of the road.

«A ver», continúa. «Los humanos viven para las historias. No creo que eso cambie nunca. La forma en que las creamos y cómo las consumimos es lo que siempre cambiará. Pero lo que tengo claro es que las personas siempre querrán historias. Eso es lo que me da esperanza y consuelo».


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Escrito por Rachel Segal Hamilton


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