ENTREVISTA

Mujeres en la fotografía: la fotógrafa de música Christie Goodwin habla sobre el valor y la creatividad

Randy Blythe of heavy metal band Lamb of God performing at London’s Brixton Academy in 2014.

«A veces tienes que romper las reglas para conseguir la foto», comenta Christie Goodwin. En una ocasión, mientras trabajaba como fotógrafa oficial del Royal Albert Hall, se le informó que el artista de esa noche, un tal Iggy Pop, no quería ver fotógrafos. Cumpliendo órdenes, se mantuvo fuera de la vista; pero claro, hasta que Iggy decidió lanzarse sobre la multitud.

«Conozco el lugar de arriba a abajo y sabía dónde tenía que estar para conseguir la foto que buscaba. Fue una decisión casi instantánea», recuerda. «Conseguí la foto exactamente como quería, con Iggy siendo desplazado sobre la espalda por las manos de la multitud y los brazos levantados». Segundos después se encontró cara a cara con el cantante mientras lo transportaban hacia delante, «pero tenía la cámara detrás de la espalda». Ese equilibrio entre discreción y arrojo es típico de Goodwin, una fotógrafa de música con agallas para apuntar con su objetivo donde otros no se atreven.

Iggy Pop crowdsurfing at the Royal Albert Hall on 13 May 2016.

Con la cámara veo y experimento el mundo con más valor.

«Al principio de mi carrera decidí no pensar en si [una foto] podía venderse. Intento desconectar mi cerebro y sentir el ritmo de la música, la moda, las emociones», dice. «Los artistas no buscan fotos normales, quieren sentir la experiencia que ofrecen al público en las imágenes. Son personas creativas y eso es algo que tienes que captar en el fotograma».

Sorprendentemente, Goodwin es tímida por naturaleza, pero cuando descubrió la fotografía con 12 años todo cambió. «La primera vez que miré por el visor, me di cuenta de que con la cámara podía ver y experimentar el mundo con más valor del que tenía», afirma. «Hasta hoy me siento desnuda sin mi cámara». Compró su primera Canon hace 30 años y no ha vuelto a mirar atrás. Y, para asegurarse de que nunca pierde una oportunidad, mientras fotografía lleva dos cuerpos de Canon EOS 5D Mark III, uno con un objetivo 24-70mm y otro con un objetivo 70-200mm.

Adam Lambert performs with Queen at HMV Hammersmith Apollo on 11 July 2012.

A mediados de los 80, Goodwin se matriculó en un grado de fotografía en la Royal Academy of Fine Arts de Antwerp. «La educación me hizo abrir los ojos: te descomponen para volver a recomponerte», comenta. Cuando tenía un encargo mensual, entregaba su trabajo y recibía cuatro páginas de comentarios con frecuencia demasiado francos. Después de un año, estaba a punto de tirar la toalla, pero uno de sus tutores, que había observado su talento, la convención de que se quedara. «Ahora estoy agradecida, aunque [el hábito de] la crítica es algo que llevo muy dentro. Soy mi peor crítica. Si me das cualquier foto que haya hecho, te daré una lista de cosas que están mal».

Después de graduarse, primero trabajó en el mundo de la moda y luego como fotógrafa de noticias, y fue en 2005 cuando empezó a dedicarse por completo a la música. «Nunca había pensado que la fotografía de música pudiera ser un trabajo. Es algo que siempre hacía en mi tiempo libre, como afición. Me encantaba la música e iba a muchos conciertos y festivales, siempre con mi cámara porque nunca salgo de casa sin ella. Pero nunca había establecido una relación… Pensaba que para ganarse la vida había que hacer cosas aburridas».

Ozzy Osbourne of Black Sabbath performing at the British Summer Time Festival in Hyde Park in July 2014.

Hay más fotógrafos que fotógrafas, pero no me intimidan.

El golpe de suerte de Goodwin llegó cuando, sin ella saberlo, alguien envió su trabajo al manager de Status Quo, Simon Porter. Cuando la llamó por teléfono para ofrecerle una comisión, Goodwin creyó que se trataba de una broma y colgó. Por suerte, Simon fue comprensivo y, antes de que se diera cuenta, ya era fotógrafa de la banda. «Me relegaron al final de la fila, pero creo que esa es la forma de aprender. No tenía instrucciones, no sabía cómo lo hacían otras personas, pero no me dediqué a investigar, solo me puse manos a la obra y fui yo misma».

Valió la pena. Actualmente es muy demandada y fotografía giras de Katy Perry, Ed Sheeran, PJ Harvey, Kylie, Taylor Swift y Joe Bonamassa. Cada gira ofrece inmensas posibilidades creativas y en cada una de ellas aprende algo diferente. «En el primer espectáculo que fotografié durante una gira iba como pollo sin cabeza de acá para allá intentando capturarlo todo. Al día siguiente me centré un poco e hice una lista».

Katy Perry in a spectacular colourful costume performing at Odyssey Arena in Belfast on the opening night of her Prismatic World Tour in 2014.

Aunque le gustan todos los aspectos de su trabajo, Goodwin se siente como en casa en el foso. «Cuando empieza a sonar la música, la adrenalina empieza a bombear. Cada espectáculo en directo tiene un ritmo. Las tres primeras canciones son las peores: el artista tiene que coger su ritmo, el de la banda e incluso el del público. Luego, cuando el concierto se pone en marcha realmente, todo el mundo se emociona y el amor recorre la multitud, llegando al artista y a la banda. Tú estás en mitad de todo eso y la energía sale de ti y te guía para hacer las fotos».

Al igual que en otros sectores de la industria de la imagen, la fotografía de música está dominada en su gran mayoría por los hombres, pero Goodwin se niega a que esto la frene. «Siempre hay más fotógrafos que fotógrafas, pero no me intimidad», comenta. Más bien al contrario. Recuerda estar fotografiando desde el otro lado del foso a otros fotógrafos, para capturar algo original. Esto generaba una gran confusión entre sus compañeros e incluso uno se le acercó para preguntarle qué demonios estaba haciendo.

«Hay algunos fotógrafos con los que he compartido el foso que sé que me han mirado por encima del hombro, pero nunca un cliente me ha dicho que no me contrataría por ser mujer». El éxito llega con el talento «y el talento no tiene género», añade. Pero también llega con el valor, «el valor de compartir tu visión, el valor de aceptar las críticas, el valor de aprender, de explorar la creatividad más allá de lo que se espera de ti», y a Goodwin no le falta coraje.

Escrito por Rachel Segal Hamilton