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Transformar en vez de eliminar

  • Publicado hace 3 años
  • 2 min de lectura

Los ejecutivos exigen informes cada vez más sofisticados en tiempo real sobre ventas y otros indicadores de medición. Los clientes quieren recibir respuestas inmediatas a sus consultas, un servicio perfecto e información disponible fácilmente sobre las cuentas, facturación y asistencia. El consejo de administración quiere sistemas de información que sean rápidos, rentables y diferenciables. ¡No es nada extraño que los directores de tecnología estén bajo una presión constante para poner en común y presentar información empresarial actualizada al minuto! Sea cual sea el sector, el flujo ininterrumpido de información se ha convertido en algo crucial para el funcionamiento de cualquier empresa y está haciendo que se exija cada vez más a los sistemas heredados de TI.

Probablemente no haya otra palabra más asociada a un sentimiento negativo de forma innecesaria que la palabra "heredado". Parece que resume todos los retos a los que se enfrenta el director de TI. Teniendo en cuenta esta negatividad, no sorprende apenas que la estrategia de "eliminar y sustituir" sea tan habitual y que, si tuviera la oportunidad de hacerlo, la mayoría de los directores de TI elegiría volver a empezar y promovería una actualización completa de tecnología. En vez de ampliar las funciones o capacidades de la plataforma actual, el atractivo de "eliminar y sustituir" parece evocar imágenes de actualizaciones completas, empezar desde cero y borrón y cuenta nueva.

No debería ser así. El ansia de "eliminar y sustituir" demuestra una falta de confianza en la capacidad de adaptación y escalabilidad de los sistemas de TI de la generación actual. Aunque esto pueda dar inicialmente una mala impresión de los fabricantes y distribuidores de tales sistemas, en realidad se puede explicar con un hecho muy sencillo: una falta de planificación. La tecnología se suele adquirir como solución a un problema actual en lugar de uno futuro. Muy pocas empresas adquieren tecnología con el fin de orientarla hacia el futuro para situaciones que se puedan producir posteriormente. En consecuencia, el miedo a que las actualizaciones salgan mal o a que los sistemas heredados no puedan dar la talla hace que muchos crean que la única opción viable es empezar desde cero.

Otro aspecto que debe tenerse en cuenta es que la sustitución de sistemas heredados que estén muy integrados en la infraestructura de una empresa no es solo un problema de TI. Los trastornos a gran escala tienen repercusiones de gran alcance en el personal, la formación y, en última instancia, la rentabilidad. Ninguna organización se puede permitir actualizar completamente sus sistemas cada vez que se enfrente a dificultades.

La agilidad exige la capacidad de cambiar y adaptar los sistemas de forma rápida, segura y eficiente. Una buena toma de decisiones tecnológicas no supone solo resolver los problemas actuales sino proporcionar la capacidad de enfrentarse a los problemas futuros.

El paso más importante como director de TI es involucrarse en la planificación a largo plazo. Cuando el consejo de administración toma decisiones sobre cómo será la empresa en 10 o 20 años, el director de TI tiene que participar en estas conversaciones para poder planificar las tecnologías de la información de forma eficaz. Prever el futuro de una empresa supone prever el futuro de sus clientes y sus necesidades pero es igualmente importante planificar de qué manera se mantendrá la tecnología al día con estos cambios.

Al enfrentarse con las dificultades y los problemas incómodos que surgen algunas veces de los sistemas heredados de TI, es demasiado fácil tener la tentación de buscar una nueva solución independiente y empezar desde cero. Pero la verdadera respuesta es planificar hacia el futuro y elegir una infraestructura que sea ampliable y permita incorporar nuevas funciones que se puedan adaptar a los futuros acontecimientos impredecibles. En otras palabras: transformar, no eliminar.