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¿Me puede dedicar ocho segundos?

  • Publicado hace 3 años
  • 3 min de lectura

Algunas veces es difícil prestar atención, ¿verdad? Esto no es solo una sensación subjetiva sino una afirmación basada en un estudio reciente: nuestra capacidad de atención se está reduciendo cada vez más. Con todas las distracciones modernas como los smartphones, tablets, televisores conectados, prendas electrónicas y demás, la capacidad de atención del consumidor medio actual es de, aproximadamente, ocho segundos.


¡Ocho segundos!


Por supuesto, esto no significa que las personas solo se puedan concentrar durante ocho segundos seguidos. Siempre podemos concentrarnos en algo en lo que estemos trabajando o en un texto si nos interesa (¡O si nos pagan por ello!) Pero esto significa que, por término medio, las empresas solo tienen ocho segundos para ganarse a un cliente nuevo. Esto supone unos 20 segundos menos que el anuncio medio de televisión. Por este motivo, este artículo no tiene como finalidad incluir tanta información e imagen de marca en ocho segundos como sea posible. Se trata de hacer que esos ocho segundos cruciales cuenten.


Al contrario de lo que se suele creer, esto no tiene por qué hacer necesario el uso de tácticas de choque ni de artimañas vergonzosas, pero lo que sí ayuda es una simple llamada a la acción: "hoy en día todos somos empresas de comunicación." Esta afirmación fue realizada por primera vez en 2009 por el analista de Forrester, Nick Thomas, y se ha convertido en el grito de guerra de destacados responsables de marketing desde entonces. ¿Y hay alguien al que le sorprenda?


A medida que el consumo de soportes digitales toma las riendas, el público está cada vez más fragmentado. Los usuarios exigen cada vez más contenidos interesantes gratuitos. A las empresas les está resultando difícil que las escuchen por encima del ruido ensordecedor de los mensajes interminables de marketing. Los equipos de marketing se ven obligados a generar constantemente campañas que aporten valor real a los clientes y que comprendan a sus clientes en profundidad.


Y, por supuesto, todo esto es responsabilidad del director de marketing. Las marcas llevan mucho tiempo usando contenidos para atraer a los usuarios pero, a medida que pasamos de un paradigma de distribución a otro de consumo, hay una serie de aptitudes que se han convertido en prioritarias.


La primera de ellas es la agilidad.


Si pensamos en las características de las empresas que adoptan una mentalidad de comunicación, la que más destaca es que son máquinas de generación de contenidos. Las empresas de comunicación emiten contenidos que interesan a sus lectores y les animan a compartirlos, algo que hacen rápidamente. No hay burocracia, ni responsable jurídico para aprobarlos (la mayoría de las veces) ni responsable de marca para aprobarlos. La velocidad es la clave.


La segunda aptitud es la capacidad de redacción.


Una buena redacción supone claridad. Se trata de garantizar la atención del usuario durante los primeros ocho segundos y después quizá durante otros ocho segundos más. A los directores eficaces siempre les interesa el material que redactan y deberían saber comprender el objetivo básico de cada contenido así como saber cómo encaja en los objetivos de marketing más amplios. Con la proliferación de contenidos, esta aptitud está cada vez más demandada.


Por último, los directores de marketing deberían aprender a hacer de sus clientes los héroes de sus historias.


Las marcas deberían mirar a sus clientes y no a sí mismas. Las mejores historias siempre tienen una parte humana. Es fácil de entender por qué: los lectores son personas. Pueden verse reflejados en las historias e identificarse con los principales personajes.  Los clientes se identifican mejor con una historia si la comunicación con ellos se produce en su lenguaje. Los directores de marketing deberían intentar imaginarse cómo afectan sus productos o servicios a la vida de las personas y amplificarlo.


Las empresas de comunicación excepcionales crean contenidos lo suficientemente específicos como para ser creíbles y lo suficientemente universales para ser relevantes. Aunque el brand storytelling (o narrativa de marca) es una palabra de moda, el concepto existe desde hace décadas.  Las historias no son solo datos, cifras y estadísticas. Son cautivadoras, memorables e inspiradoras. Nos permiten olvidar lo mundano y nos transportan a un lugar donde dar rienda suelta a nuestra imaginación.  Atraer y conservar la atención de los clientes nunca ha sido una tarea fácil y con la revolución digital, explosión tecnológica y proliferación de contenidos actuales, es mucho más difícil, pero no imposible.


¿Hemos conseguido mantener su atención?